martes, 19 de agosto de 2014
domingo, 18 de mayo de 2014
Sobre LA VIDA SUSPENDIDA - Por Jorge D´Alessandro
jueves, 2 de enero de 2014
Texto leído en la Presentación del libro LA VIDA SUSPENDIDA
miércoles, 18 de diciembre de 2013
lunes, 16 de diciembre de 2013
Anticipo de LA VIDA SUSPENDIDA
Don Pascual,
¿le puedo hacer una pregunta?
¿Conoce usted la razón
el motivo por el cual
de repente llega una tarde
en que perdemos las cosquillas?
¿Existe acaso un día tal, Don Pascual
en que nuestra piel
olvida la alegría?
--------------------------
La apuesta
¿Y si sí?
¿Y si nos proponemos la alegría?
¿Y si al levantarnos sonreímos
nos miramos al espejo
y nos decimos lo lindo que somos?
¿Y si sí?
¿Y si entre todas las apuestas posibles
apostamos un pleno,
todos los ahorros
a la ternura, a la simple ternura?
Textos pertenecientes al libro LA VIDA SUSPENDIDA
Sobre La vida suspendida
jueves, 5 de diciembre de 2013
Se viene, se viene
jueves, 9 de mayo de 2013
EL RUIDO DE LOS RIOS en blog MOLINETES DE PAPEL
Puede apreciarse el siguiente link: http://www.molinetesdepapel.blogspot.com.ar/2013/05/el-ruido-de-los-rios.html
viernes, 15 de marzo de 2013
LA CANCHITA
domingo, 29 de julio de 2012
viernes, 15 de junio de 2012
EL RUIDO DE LOS RIOS en Revista NO RETORNABLE
sábado, 12 de noviembre de 2011
EL RUIDO DE LOS RIOS en librerías
El ruido de los ríos ya fluye, y se encuentra ya disponible en las siguientes librerías:
INPAZ LIBROS
Av. Gaona 3125 - Buenos Aires
OTRA LLUVIA
Bulnes 640- Buenos Aires
LA LIBRE
Bolivar 646- Buenos Aires
LIBRERIA MICASA
libreriamicasa.wordpress.com
Buenos Aires
KIOSCOS DE DIARIOS
Anchorena esquina Tucumán
Jean Jaures esquina Lavalle
Buenos Aires
KIOSKO DE GOLOSINAS
Tucumán esquina Anchorena
Buenos Aires
DISTRIBUIDORA NUDISTA
editorialnudista@gmail.com
Cosquín - Córdoba
jueves, 27 de octubre de 2011
sábado, 22 de octubre de 2011
Sobre "El ruido de los ríos"
Mientras leía el libro de Andrés Lewin, pensaba que para oír el ruido de los ríos, primero hay que acercarse.
Hay que acercarse a ese lugar de donde viene el ruido acompasado, la voz de estos poemas. Digo esto por dos motivos. Por un lado, porque en este libro el tema del acercamiento está trabajado una y otra vez. Y por otro lado, porque esta misma presentación, esta reunión de Andrés Lewin con todos nosotros, es también, evidentemente, una manera de acercarse muy particular.
No puedo dejar de pensar que ésta es una doble presentación. Se presenta El ruido de los ríos pero también, tan importante como el libro, y sobre todo por ser su primer libro, el Andrés que muchos de ustedes conocen como amigo, conocido, o familiar, hoy se presenta como escritor, como poeta. Y esto, créanme, no es poca cosa. Me honra ser parte de esta suerte de transformación, ver cómo, para muchos de nosotros, Andrelo va a ser de golpe Andrés Lewin, autor de un libro de poemas.
Un libro donde el tema del acercamiento es recurrente. Como en la ilustración de la tapa, creo que hay una gran horizontalidad en el libro, una mirada que intenta traerlo todo junto. Por ejemplo: vemos a personajes del campo acercarse a la ciudad y plantar su mirada extrañada, oímos una gran cantidad de diálogos entre personajes familiares, kiosqueros, cartoneros, en lugares también reconocibles, una voz que se hermana con los personajes, como si dijera: “Éste es el ruido de los míos”. También hay una aproximación a las tradiciones orales (de hecho, ésta es una poesía muy hablada, para ser oída o, en todo caso, para leer con el oído), y tiene un detallismo que hace que lo que a primera vista pueda ser marginal sea traído al centro de la atención.
Pero sobre todo hay, más que un acercamiento, la búsqueda de un lugar de refugio. Hay una frase citada en el libro que me parece que ilumina bastante lo que quiero decir, es del anarquista Simón Radowitzky y dice: “Yo integro, pese al encierro, la familia proletaria”. Acabo de hablar de refugio y sin embargo esta cita habla de encierro. No creo que sea una incoherencia. Son las dos caras de un mismo modo de concebir la poesía. Y su fuerza radica en ese pese a, pese al encierro la comunión se logra.
En El ruido de los ríos, y enfatizo el plural, hay muchas voces que se entrelazan para formar el tejido de estos poemas por donde se filtra a un tiempo lo íntimo, la conversación con uno mismo, la silenciosa reflexión, y la preocupación por el otro, la mirada social, abarcativa, (“Mi tradición / es la del hombre que se sienta a mi lado”), poemas barriales y otros de tema más latinoamericano, como si el foco se acercara y luego alejara, podemos ver tanto al Che o a Riquelme como a Tadeo Benítez, kiosquero. Digamos, si la marginalidad es una especie de encierro, estos personajes, pese a su condición, o potenciados por ella, saltan esa barrera y oímos su voz refugiada –y expuesta- en los poemas. Ese es el privilegio de esta mirada, y también su riesgo.
De alguna manera, la poesía de Andrés capta algo de lo evanescente, de los saludos al pasar, de las preguntas que nos hacen ruido al movernos del campo a la ciudad, algo del calor, de la música de la conversación, algo de todo eso lo capta la poesía y quedan los poemas. Se escribe en el encierro de la soledad pero se logra que se plasme un rumor vivo, anhelante, cadencioso que no está exento del placer, es decir, de cierto divague, de cierta pérdida de tiempo o, en todo caso, ese saber tomarse su tiempo para mirar, para decir lo que uno ve, cosas no bienvenidas en la vida cotidiana, regida por otros tiempos y pautas. Por eso, por más que leamos cosas que nos puedan parecer muy cercanas y familiares, no hay que dejar de prestar atención al trabajo de fondo que hace de esto algo que escapa a lo cotidiano por ser de otro orden, y que, en definitiva, hace que esto no sean crónicas sino poemas.
Dentro de la marginalidad de la poesía en el mercado editorial y dentro de la marginalidad de la literatura respecto del mercado global, hoy podemos celebrar esta nueva voz que nos dice:
Yo sí tengo algo para decirle al mundo
no sé muy bien qué es
ni si existen las palabras adecuadas
pero alguien tiene que hacerlo
esto se cae, se cae
Sé que hablé de algo así como una horizontalidad, pero ¿ven? este movimiento vertical aparece a cada rato, como un trastabilleo seguro, un saber tropezarse y deleitarse en la demora de la caída.
Como para terminar, en uno de sus textos, Saer dice que “… la poesía no es río majestuoso y fértil sino una piedra firme en medio de la corriente que se deja pulir por el agua”. Por un momento se me ocurrió pensar que El ruido de los ríos podía ser ese, el del agua raspando, tocando, acariciando las piedras invisibles, esa dura maravilla al fondo de las cosas, el sonido de un trabajo perfecto y continuo.
Empecé diciendo que para oír el ruido hay, primero, que acercarse. Fui demasiado medido. Nosotros nos hemos acercado y llegamos a la orilla. Ahora les pido que, como un buscador de tesoros, como un cartonero, hundan sus manos en el agua, como dice Andrés
porque seguro en el fondo
muy al fondo
algún silencio encontraremos.
A lo mejor el lugar donde el silencio de la piedra que se deja pulir y el ruido de los ríos, coincide.
Tomás Maver
(Texto leído en la presentación del libro, Club de Arte Vuela el Pez, Miércoles 19 de Octubre de 2011)
Sobre "El ruido de los ríos"
Pescadores
En este primer libro de Andrés Lewin, podemos pensar entonces que la figura del poeta asume la máscara de un pescador. Se trata, creo, de un pescador tranquilo, sentado a la vera de un afluente emocional ¿Y qué celebra con su silbido, con su canción de pescador atónito? Si no me equivoco, no quiere alabar lo excelso sino más bien lo incompleto, un modo de ser imperfecto que tiene todo lo que realmente existe, y que aparece en El ruido de los ríos refulgente en su pequeñez, en la falta incluso, como en estos versos del poema “El artesano”, en dónde puede leerse:
Ángel estrella
se rasca la espalda.
Le duelen
las cicatrices heredadas
resabios
de un legado de derrotas.
No se resigna
Escapa.
Como toda estrella
se sabe sólo un punto
pequeño
muy pequeño.
Pero el brillo
esa es su revancha.
En el cauce que van configurando los versos, es posible escuchar el rumor de un anhelo continuo: una sed de reconciliación. Hay, como dice el poema que acabo de leerles, brillo y también revancha: el yo lírico aparece como una voz pausada, eminentemente oral, que desea redimir de su nimiedad a los curiosos personajes para quienes canta sus poemas. Y llega, en esta especie de búsqueda inmóvil, en esta lenta pesca de personajes y redenciones, a gestar casi un pueblo entero; un pueblo con Tadeos y con Aúnesposible, con Trankipankis y Jacintos, con Ángeles Estrellas, amparados todos bajo el aura de un eco indulgente.
Ese pescador que atraviesa cada uno de los poemas del libro se revela, en definitiva y a la larga, como un oculto demiurgo, un creador de voces en la orilla: y si el poeta es un pescador, y el pescador un pequeño y piadoso dios, digamos entonces también que el río, el río de los ruidos, pareciera atravesar algún conocido barrio, y en ese trayecto sonoro, nos invita a tener siempre presente a ese otro gran barrio que, en realidad, no es ni más ni menos que nuestra América Latina.
Patricio Foglia
(Texto leído en la presentación del libro, Club de Arte Vuela el Pez, Miércoles 19 de Octubre de 2011)
lunes, 17 de octubre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
Sobre "EL RUIDO DE LOS RIOS"
El ruido de los ríos, por todo esto, es un libro fuera de lo común. De lo más misterioso, me animaría a decir. Sobre todo, por su acercamiento profundo e ingenuo (es decir, todavía inocente) a una realidad que de otra forma se mostraría, si no amarga, bastante incomprensible.
Osvaldo Bossi
viernes, 30 de septiembre de 2011
Se viene, se viene

presenta
una publicación de
Editorial En el Aura del Sauce
El ruido de los ríos
de Andrés Lewin
Miércoles 19 de Octubre, 20 hs
Av. Córdoba 4379 (esq. Lavalleja)
Presentación a cargo de Tomás Maver y Patricio Foglia,
Lecturas y música en vivo, sorpresas varias.
Comida y stand de venta del libro.
domingo, 17 de julio de 2011
COLORES
busca precisión en sus actos
la imagen que da frente al mundo.
Por eso es ardua la tarea
de elegir los colores.
En la mirada están los matices
no es lo mismo el verde del dinero
que el del árbol creciendo entre las rocas.
Ni es el mismo el azul que congela
o el del agua cristalina.
Hay quienes prefieren amarillo
el amarillo del semáforo que anuncia
que hay sol por las mañanas.
También están los pasionales
que a veces no distinguen
la sangre propia de la ajena.
Sería más simple la mezcla
los colores unidos de la moda
la wiphala.
Pero aquí estamos
en otra mañana más
con la ardua tarea
de combinar los colores.
EL VIENTO QUE TODO EMPUJA
es sentir que el viento
de nuevo
te empuja hacia adelante.
Pasa muy de vez en cuando
y puede darse
por cualquier
pequeño detalle.
Puede ser una llamada
un gol en el último minuto
o quizá
tan sólo sea
una cara que gira
y mira hacia un costado.








