jueves, 2 de abril de 2009

LA RESISTENCIA (III)

Los que creen en la palabra divina.

Los que que creemos que es divina la palabra.

Andrelo
Buenos Aires, Enero de 2005

ABASTO


De niño quise ser jugador de fútbol. Cuando me dí cuenta de mis dos grandes problemas, la pierna izquierda y la derecha, empecé a caer en la cuenta que los sueños no siempre son una cosa sencilla. Empecé a imaginarme escritor, como Fontanarrosa. Me veía escribiendo cuentos de futbol, bares, amistades. Pero la realidad tampoco es una cosa sencilla. Prefiero contarles lo del 20 de Julio de 2007 .

Era de noche, 1 AM para ser precisos. Empecé a caminar, buscaba algún mendigo que me dé una gran historia. No lo encontré.

Terminé en una fonda del Abasto profundo. Pedí una cerveza, y otra, la tercera ... cuarta...

Algo pasó. De repente, la silla se empezó a levantar, siguió, estaba casi en el techo. Miré hacia abajo, vi a la gente, sus tristezas, sus recuerdos. Me aburrí.

Giré la cabeza hacia la calle Jean Jaures. Vi un morocho que se parecía a Gardel. Pero este cantaba mejor, ¿o será el tiempo ? Luego dí la vuelta para el lado de Anchorena. Había un pelado, un cajón de manzanas, una guitarra. Lo raro es que ahí ya era una mañana de sol.

Me desperté en casa. No entendía demasiado. Me levanté. Tropecé con una nota que decía:
Flaco, linda borrachera. Te tuve que traer. Cuidate.

Firmaba un tal
Negro Roberto. 


Andrelo
Buenos Aires, Noviembre 2006 (remixado entre Febrero 2009 y Febrero 2013)



NOTA CONFUNDIDORA
Con el debido respeto a los creyentes, debo aclarar que me cuesta asimilar la idea de los cielos, los infiernos. Obviando el chiste de Mark Twain, ese del cielo por el clima, y el infierno por los amigos, me resulta bastante extraña la idea de que sólo el que sigue ciertas reglas se merece el paraíso. Pocas cosas tan lindas como las búsquedas espirituales de las personas, y pocas cosas tan raras como la institucionalización de esas búsquedas que suelen proponer las religiones.
Pero en el supuesto caso de que exista algo así cómo un cielo, supongo que lo mejor es imaginarlo como ese gran cuento de Fontanarrosa (El cielo de los argentinos). O sí uno es del barrio que es, soñar a Carlitos cantando algún tango, o a Luca despertando conciencias. Y que cuando a uno le toque, nunca falten los papeles, las biromes. Y poder escribir sobre fútbol, sobre bares, amistades.

miércoles, 4 de febrero de 2009

EL FLACO ROLANDO


Hay que ser guapo para cruzar descalzo la 9 de Julio en pleno verano. Rolando lo es, un guapo en serio, de otro tiempo.

Tipo querido, siempre dispuesto a dar una mano. Y si hace falta, como último recurso, pega.

Nunca habla de trabajo. Se dice que es matón para un capo del juego clandestino.

Es guapo el Flaco, aunque tiene un problema: ve una cucaracha y llora. El Cali y el Gordo lo vieron en casa de Luisito, escondido para que nadie vea sus llantos.

El Gordo, impresionado al ver llorar a un guapo, quiso saber el por qué. Le preguntó a la señora, que hizo un par de materias de psicología. La Claudia le habló de los complejos infantiles, de Edipo, que Freud no sé qué y otras cosas más que no se le entendían.

Siguiendo sus consejos, empezó a investigar sobre la niñez de Rolando. Descubrió lo terrible, insólito: el Flaco no tenía infancia.

Debo reconocer que cuando el Gordo lo contó, nos reímos bastante. Nos dijo que tenía un amigo policía y que le pidió que rastree a un tal Rolando Martinez, 1,90 m, 80 kg, piel trigueña, etc. La policía no tenía ningún registro, no había ni partida de nacimiento, ni carnet de Chicago al nacer, nada. Como si no existiese.

El Gordo, con todas las dudas, tuvo un pequeño acto de maldad. Sabía que si le preguntaba de su infancia, el Flaco no le iba a decir nada. Entonces lo llamó al celular. Le dijo que quería hablarle, que necesitaba ayuda. El Flaco, de buen tipo, no podía decirle que no.

Se encontraron en un bar. El Gordo, con mucho disimulo, se apareció con una cucaracha en un frasco de mayonesa. Lo abrió, despacito para no avivar. Empezaron a hablar del tiempo, del golazo de Lopez el Domingo, de que este año se tenía que dar el ascenso, hasta que pasó lo que tenía que pasar: cuando Rolando vió la cucaracha, se largó a llorar.

Ahí el Gordo aprovechó para preguntarle si sabía porqué le pasaba eso, si no tendría que ver con la infancia, y que Freud, y que Edipo no era el 9 de Arsenal, y toda esas cosas de la psicología.

Rolando, conmovido, empezó a contar que en su planeta las cucarachas dominaban el mundo, que allá los humanos eran como los perros de acá y que él era un enviado para intentar un estudio del planeta Tierra para las futuras relaciones interplanetarias.

El Gordo no sabía si reir o llorar. Rolando le mostró unas fotos de su planeta, lleno de cucarachas. Ahí el Gordo le preguntó si era el único enviado, y el Flaco, casi enojado, le dice que si era boludo para pensar que un viaje así salía 2 mangos.

A Rolando no lo vimos más, pero hay que creerle al Gordo cuando dice que hasta los extraterrestres son hinchas de Chicago. Si uno lo piensa un poco, muy raro no es. Al fin y al cabo, se confirma lo que se presumía: los guapos, los verdaderos guapos, no existen. Son extraterrestres.

Andrelo
San Martín de los Andes, Enero de 2006 (Remix Enero 2013)

LA RESISTENCIA (II)

Escondido en la mirada de los otros.

Atrapado adentro de las cosas.

El señor gordo vive la felicidad del artificio.


Y el que escribe sólo escribe.

Andrelo
Buenos Aires, Noviembre 2008

lunes, 8 de diciembre de 2008

EN EL BANCO DE UNA PLAZA

Aferrarse a la ilusión de que todo tiene un sentido, y saber que no lo tiene. Es eso, Marcos, creeme.

De niño he cuidado mariposas, alcauciles, mandarinas. Nada ha funcionado. Pero no me rendí. Supongo que si el tren avanza, la mayoría también avanzamos. ¿ Acaso hubieras bajado ? Puede ser, a veces cobardía rima con valentía, y lo fácil es seguir.

Volví a intentarlo. Me instalé al costado de la ruta. Empecé con el negocio de los sueños, la venta de ilusiones, la compra de tristezas. Por un tiempo funcionó. La gente pasaba, conversaba.

Me faltó viveza, sabés que lo mío no son los negocios. Empezaron los reclamos. Que por qué me vendiste tal sueño, si nunca pasó, si sólo lo viví por las noches, que devolveme la plata.

El colmo fue cuando apareció un abogado. Quería hacerme un juicio. Decía que lo había estafado, que los sueños sueños son y no se puede comerciar con eso. Me acordé de Francisco. Si, el flaco que se sentaba atrás nuestro en segundo año. También es abogado. Me empezó a hablar de contratos, de porqué no puse las cláusulas, que tendría que haber dado una garantía limitada. Palabras raras, ¿ no ?

Ahí me fuí a las montañas, a cuidar las ovejas de un amigo. Andaba todo bien, comía todos los días. El problema fue cuando se me ocurrió regalarle sueños a las ovejas.

Fue increíble eso. ¿ Alguna vez viste bailar a una oveja ? ¿ Cantar canciones por la noche ? ¿ O gritar algún gol ? Al amigo no le gustó nada, se enojó. Si lo mío fueran los negocios, le hubiera regalado algún sueño. No pude, me faltó coraje.

Y acá estamos, en este descascarado banco de plaza. Mañana arranco de nuevo. No, Marcos, no me mientas, soy consciente que lo que viene es complicado, pero no sé hacer otra cosa que seguir. Sólo viajo por costumbre. Por ahí se da esa absurda conjunción de los astros que me expliquen el por qué. Es eso, Marcos, creeme.

Andrelo
Bogotá, Noviembre 2007